La señora Dalloway. Virgina Woolf
Virginia Woolf no es definitivamente para mí. No niego su talento, su escritura atrevida y adelantada a su tiempo, provocadora, compleja, simbólica y casi poética. Pero su estilo no va con mis gustos. Ya me dejó "Orlando" frío, y ahora con "La señora Dalloway" (1925) lo he confirmado.
Un día en la vida de una aristócrata. Eso es la novela. Londres, una fiesta y una pléyade de personajes que van y vienen a lo largo de la jornada de Clarissa Dalloway. Lo mejorcito de la ciudad se dará cita en el evento y a lo largo de las páginas nos hace una crónica en rosa de la sociedad, retratando anhelos y envidias, sinsabores y amistades.
Un amor de juventud va y viene, debatiéndose en el desaliento a contemplarla, mientras ella coloca flores. Su matrimonio parece casi un decorado más de la fiesta. Todo parece superficial y frío, casi impostado. Tal vez es lo que quiere retratar Woolf de la alta sociedad londinense de principios de siglo, frívola y falsa.
Trata de nuevo temas como la homosexualidad o el feminismo, pero se pierde en detalles banales, en reflexiones internas, haciendo el libro lento y pesado, sin un camino claramente marcado.
Poco jugo que sacarle. No es mi estilo. Una lástima.

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