El pueblo es inmortal. Vasili Grossman
"El pueblo es inmortal" (1961) nos lleva a la primera línea del frente ruso durante las Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes están en plena invasión y atraviesan la Unión Soviética como si fueran un cuchillo caliente atravesando mantequilla.
Grossman (Ucrania, 1905-1964) nos traslada a la trinchera ucraniana, nos adentra en la psicología de los rusos, que se veían impotentes frente al poderío nazi y veían como sus pueblos y su gente era masacrada mientras ellos no podían más que atrasar la línea defensiva y resistir como pudieran.
Nos presenta la jerarquía soviética, el poder y el respeto que infundían los comisarios políticos frente al resto y la responsabilidad que tenían. Nos habla mucho de los militares, del hambre y el sueño, de la muerte cruda en el frente, de la arrogancia nazi. Pero también nos habla del pueblo, duro como el acero, del sentimiento patrio de todos los soviéticos, como principal rasgo para luchar hasta la muerte.
Pueblo despojados ya de hombres, que han ido a la guerra y han muerto o están desaparecidos, las mujeres, los niños y los ancianos se presentan como una resistencia más, frente el invasor. Mueren con orgullo, con la cabeza bien alta, y esto es un estímulo para los soldados que emboscados tratan de romper el cerco y traer algo de esperanza al maltrecho pueblo soviético.
Grossman plasma con maestría el escenario. Te mete en él, en la cabeza de los protagonistas. Conoces el bosque en el que se ocultan, la tierra negra que acarician, los árboles que se mecen con el viento. Y qué piensan y sienten ante lo que están viviendo. Los personajes van evolucionando hacia una conciencia colectiva superior a la del individuo, hacia una meta común. Así, en un libro relativamente corto, los personajes maduran, se endurecen y mueren con honor.
Un libro muy interesante, complejo por los nombres de los personajes, dado que son muchos a pesar de la escasa longitud del libro.

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