La guerra no tiene rostro de mujer. Svetlana Alexievich

Los ensayos de Alexievich no pueden dejar indiferente a nadie. El trabajo que ha llevado a cabo para escribirlos es incalculable. Como su valor.

En "La guerra no tiene rostro de mujer" (1985) pone voz a las grandes olvidadas de la Segunda Guerra Mundial: las mujeres. Las particulariza en las rusas, aunque el mensaje y el fondo puede hacerse extensible a las de todas las naciones.

Alexievich (Bielorrusia, 1948) y ganadora del Premio Nobel en 2015, destaca en su carrera por sus ensayos sobre la Unión Soviética, la Guerra y Chernóbil. Entre sus obras, además de la que nos ocupa, destacan "Últimos testigos" (1985), "Voces de Chernóbil" (1997) y "El fin del Homo Sovieticus" (2013).

Su crítica al régimen soviético y su retrospectiva sobre la Segunda Guerra Mundial han marcado su carrera, de compromiso y denuncia.

De una forma intimista pero descarnada, va desnudando la realidad de las soviéticas, cuyo patriotismo las llevó a presentarse masivamente voluntarias para ir al frente, a luchar contra la invasión nazi, sacrificando su familia y su propia vida. Todo era poco en pos de la defensa de la patria.

A través de este ensayo, va narrando cómo era la vida en trinchera, los roles clave que desempeñaron las mujeres, cómo ocuparon los mismos puestos que los hombres y como fueron valorada u olvidadas por estos y por el mundo.

Lo que más me ha impactado ha sido el relato de su regreso. Cuando volvían y eran tachadas de oportunistas, poco menos que de prostitutas del frente. Como las propias mujeres que se quedaron justificadamente en retaguarda las vilipendiaron y los hombres las despreciaron.

Pero también habla de honor, de reconocimiento en primera línea, de la ingente labor que hicieron, de las vidas que salvaron y de la valentía y arrojo que demostraron.

Más de un millón de mujeres soviéticas formaron parte en el conflicto. Muchas de ellas eran apenas unas adolescentes, que salían de la escuela para empuñar un fusil, atender un hospital de campaña o manejar un tanque. Dotadas de un valor indescriptible, sufriendo la desigualdad de la guerra, pues para ellas parecía ser aún más cruel.

Alexievich nunca defrauda. Es un libro para leer poco a poco. Hay que ir absorbiéndolo y digiriéndolo a trozos, para entender la magnitud de lo que en él se narra.

Una obra de gran valor, a la altura de "Últimos testigos". Una merecida Premio Nobel.

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