La peste. Albert Camus

Basada o inspirada en el brote de cólera que asoló la ciudad de Orán a finales de siglo XIX, coincidiendo con el fin de la dominación francesa, aunque ambientada en el siglo XX, es una novela en la que la epidemia es casi anecdótica.

Fue publicada en 1947 y es uno de los grandes clásicos de la literatura del siglo XX.

En una ciudad cosmopolita, casi europea y con influencias francesas y católicas, abierta al mediterráneo, pujante y dinámica, llena de miradas alegres, de rostros limpios, de optimismo y felicidad, la aparición de una rata, de dos ratas y de una plaga de cadáveres de roedores marca el punto en el que todo queda en suspenso, en el limbo, en el que se inicia la novela.

De repente, la vida queda en suspenso. La ciudad se cierra al mundo y la libertad desaparece. Se crea un  mundo paralelo, alejado de todo físicamente, hasta del mar, y solo conectado por los sonidos que se oyen al otro lado del mundo. Una cárcel vital de la que no se sabe si se saldrá o no con vida. Un agujero en blanco en el mapa.

Camus, una maestro de las letras, Premio Nobel en 1957, lleva esta obra a la cúspide del existencialismo. Y es que la novela trata de los valores fundamentales, de las raíces que sustentan lo que somos. Los personajes, torturados por la enfermedad, por todo aquello que ha perdido y no recuperarán, atenazados por la incertidumbre del futuro próximo, vagan por la ciudad, en busca de respuestas y de algo que les haga continuar e impida que simplemente se siente a esperar que les llegue su hora.

La duda sobre la existencia de Dios, la trascendencia, la frontera entre lo humano y lo divino, sobrevuela la obra en diferentes momentos, donde los no creyentes se hacen devotos y los mensajeros de la palabra sagrada lo cuestionan.

El doctor Rieux, figura central, lucha denodadamente contra la peste, manteniendo la calma y la compostura, poniendo cordura en momentos de zozobra y desamparo, a costa de quebrar su alma de forma permanente.

Camus va desplegando su magia con personajes torturados, dubitativos, que aúnan fuerzas y esperanzas, que se dejan arrastrar por Rieux, que rescatan ideales que creían olvidados, pero que van quedándose sin energía física o emocional por el camino.

Es un libro maravillosamente escrito, muy profundo, que trasciende la enfermedad que como digo es casi una anécdota y que habla de sentimientos, de dudas, de miedo, de muerte, de nostalgia, de desasosiego, de rabia, de desesperación. Pero también de sueños, de deseo, de futuro, de vida. 

Una obra esencial, de esas que dejan poso, y que me ha recordado mucho en su estructura y su reflexión a José Saramago, en novelas como "El ensayo sobre la ceguera", o a Franz Kafka en "El proceso".

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