Aún es de día. Miguel Delibes

Me resulta abrumadora la obra de Miguel Delibes. A pesar de que tengo gran parte de sus libros, de que creo conocerlos todos, de vez en cuando descubro una nueva joya, desconocida para mí hasta ese momento, del genio vallisoletano.

Tal es el caso de "Aún es de día", un título totalmente desconocido para mí hasta que me topé con él en una librería de segunda mano.


Una vez más, Delibes hace lo que mejor sabe. Habla de su tierra, y de la gente corriente. Habla de la vida, en este caso en la ciudad. De una vida descarnada, a la que no adorna con florituras. Una vida de gente vulgar, imperfecta, real.

En este contexto se mueve la vida de Sebastián, un joven deforme, objeto de las burlas de todo el que le rodea. Un ser dulce e inocente que es vapuleado por todos, que vive de forma ruinosa con una madre alcohólica y embrutecida, y una hermana que es poco más que una sombra esclavizada.

En ese contexto Sebastián, empleado en un ultramarinos, sueña con dar un giro a su vida, salir de tanta miseria y mugre, y prosperar en la vida, en un barrio duro, que no da concesiones ni regala esperanzas.

La fortuna parece sonreírle temporalmente, pero sus tribulaciones y desvelos no tardan en volver a rodearle. Es ahí donde Delibes nos habla de muchos temas. Nos habla de la lucha descarnada por la supervivencia, por el desprecio al diferente. Nos habla de pillos que se han de ganar la vida, de matones de tres al cuarto. Pero también nos habla de la vida de los años cuarenta en una pequeña capital de provincia, del hambre, de los desvelos que produce la economía mundial, de la vergüenza de los embarazos no deseados, del poder de la Iglesia sobre los hombres o del mal de amores.

Todo este ambiente rodea a Sebastián. Y a la pléyade de personajes que pinta con mano diestra Delibes. Así tenemos a la señorita Irene, objeto de deseo de todo el que la contempla. Aurora, una joven descocada para la época y que trata de subsanar un error que lacra a su familia. Saturnino, que dirige un negocio con obsesión. Aurelia, que vive entre el alcohol y el rencor hacia la vida misma. Orencia, un espíritu fugaz, una niña sin infancia, gris. 

Y tantos otros, que sirven al autor para tratar muchos temas y dar lugar a una obra magna, una obra Delibes de los pies a la cabeza. Muy buena lectura para empezar el año.


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